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domingo, 16 de junio de 2013

¿Cómo entender un análisis de sangre?

R.I.

Última revisión martes 23 de octubre de 2012

En la mayoría de las ocasiones entender un análisis clínico se convierte en una de las tareas más complicadas con las que nos podemos enfrentar. Desvelar el significado de
 términos y parámetros que nos son totalmente desconocidos como colesterol, glucosa, albúmina, ácido úrico, triglicéridos, etc. requiere unos conomientos bioquímicos que la mayoría de las personas no tienen.¿Cómo entender un análisis de sangre?
Una analítica puede ser a veces un jeroglífico difícil de entender. Fotolia
Sin embargo, como reconoce José Luis Marín, de la Sociedad Española Bioquímica Clínica y Patología Molecular (SEQC), «los resultados de los análisis clínicos sólo podemos interpretarlos cuando conocemos bien la historia clínica del paciente». Por ejemplo, señala, para valorar el resultado de una de las magnitudes más habituales, la glucosa, hay que tener en cuenta el estado metabólico del paciente. «Es decir, saber si ha comido recientemente, si ha ingerido bebidas edulcoradas, si toma algún fármaco para regular la cantidad de glucosa en sangre, si padece alguna enfermedad que altere su metabolismo, etc. Todo eso ha de tenerse en cuenta para interpretar el resultado de la concentración de glucosa obtenido en el laboratorio».
Además, hay que tener en cuenta dos aspectos: los valores de las determinaciones no siempre se expresan en las mismas unidades y las cifras de «normalidad» pueden tener pequeñas variaciones, ya que dependen del laboratorio que analice la muestra. Por eso, no hay dos analíticas iguales, ni siquiera de la misma persona, porque las variables que intervienen en su valoración son múltiples. En una analítica normal se piden los datos hematológicos (serie blanca y serie roja) y bioquímicos más generales (glucosa, colesterol, triglicéridos, etc.). Los datos hematológicos o hemograma se emplean como un procedimiento de screening y ofrecen una visión general del estado de salud del paciente. Valora parámetros como hematíes, hemoglobina, hematocrito e índices eritrocitarios (serie roja), y leucocitos -una cifra anómala puede ser indicativa de infección-, neutrófilos, linfocitos, eosinófilos y basófilos (serie blanca). También contempla el número de plaquetas -el recuento de plaquetas es de vital importancia para el diagnóstico de los trastornos hemorrágicos y eritrocitos:
Los análisis clínicos resultan muchas veces un verdadero jeroglífico. Para tratar de comprender un poco mejor la información que nos ofrecen los análisis clínicos, Marín, ofrece algunos datos de algunos de los parámetros más frecuentes que nos miden en los laboratorios de Análisis Clínicos cuando nos sometemos a una extracción de sangre.
Glucosa: Es un hidrato de carbono simple y la principal fuente de energía que utilizan las células. Se puede alterar por dietas, ayuno, entrenamiento intensivo, hipotiroidismo, diabetes, etc. Los valores normales deben ser 70-110 mg/dl.
Albúmina: La determinación de albúmina puede solicitarse juntamente a muchas otras pruebas cuando una persona presenta síntomas de alteración hepática, como ictericia (coloración amarillenta de la piel), fatiga o pérdida de peso, o signos de mal funcionamiento renal, como hinchazón de las cuencas orbitarias, de las piernas. Se considera normal valores entre 3-5 g/dl.
Colesterol: El análisis de colesterol no suele utilizarse para diagnosticar una enfermedad sino que su utilidad es mayor para hacer prevención, ya que una concentración elevada de colesterol en la sangre se ha asociado con el endurecimiento de las arterias (aterosclerosis), la enfermedad cardíaca y un elevado riesgo de padecer un infarto agudo de miocardio. Las cifras de colesterol total (HDL y LDL) deben ser 140-220mg/dl. Aquí hay que valorar también el colesterol bueno (HDL) y el malo (LDL).
Ácido úrico: Las personas con niveles elevados de ácido úrico suelen padecer de gota, una enfermedad que se caracteriza por sufrir de dolores articulares, principalmente en los dedos gordos de los pies, aunque también en otras articulaciones. También se eleva cuando el riñón no funciona bien, ya que se elimina por él, o cuando hay una gran destrucción de células en alguien que está haciendo un tratamiento contra el cáncer. Sus valores deben oscilar entre los 3-7 mg/dl.
Triglicéridos: Corresponde a la grasa que ingerimos en la dieta y sirve de transporte y almacén de energía. Sus valores varían con la dieta y riesgo cardiovascular y oscilan entre 40-170 mg/dl.
Marcadores tumorales: Sus nombres son una verdadera sopa de letras: CEA, CA19.9; CA15.3; BRCA; PSA, etc. Suelen ser proteínas que se encuentres en las células cancerosas y que son liberadas a la sangre cuando existe un tumor que las produce. Su mayor utilidad suele ser para comprobar si el tratamiento que se administra a un enfermo funciona bien y para diagnosticar posibles recidivas del mismo tumor. Para el diagnóstico de un cáncer tiene menor utilidad.
Gasometría y Equilibrio Acido-base: El oxígeno que respiramos es transportado por la sangre hasta las células y el CO2 hace el recorrido inverso desde las células hasta el aire de la atmósfera. Se solicita su medición al laboratorio cuando el paciente presenta síntomas de desequilibrio entre los componentes «ácidos» y «alcalinos» en la sangre, ya que estos elementos han de estar «equilibrados» para que las células puedan vivir, o cuando existe dificultad respiratoria y por tanto falta de oxigeno en la sangre.
Marcadores cardiacos: Troponina, CK-MB, BNP, mioglobina son los nombres de los más importantes marcadores. Son sustancias liberadas hacia la sangre cuando se produce un daño al corazón. La medida de estos marcadores es útil para diagnosticar, evaluar y monitorizar a pacientes con sospecha de síndrome coronario agudo (SCA). Entre los síntomas de SCA se incluye dolor y opresión torácicos.
Estudio de la coagulación: Fibrinógeno, Tiempo de Protrombina (TP), INR, Tiempo de Tromboplastina Parcial (TTP) son las pruebas que se solicitan más frecuentemente. Esto se hace para comprobar si hay alguno alterado (disminuido o ausente). Estas alteraciones pueden provocar la aparición de coágulos o por el contrario que se produzca un sangrado sin explicación aparente. Por ejemplo, se consideran valores normales para el fibrinógeno 200-450 mg/dl.
Monitorización de fármacos: Los medicamentos que tomamos deben mantenerse en unas determinadas concentraciones en la sangre para que sean efectivos. Así cuando la persona que los toma cambia como consecuencia de algunas enfermedades o de su envejecimiento las concentraciones del medicamento también cambian y hay que adaptarlo a la nueva situación de la persona. Algunas enfermedades que necesitan medicación crónica y por tanto «medir» los fármacos cada cierto tiempo son: renales, tiroideas, hepáticas, etc.
Transaminasas (GOT, GPT), que son enzimas del metabolismo de los aminoácidos presentes en el hígado principalmente y en el músculo, corazón, páncreas y cerebro. Al aumentar refleja destrucción de estos tejidos (hepatitis, infarto de miocardio, miopatías, etc.).
nota
La información médica ofrecida en esta web se ofrece solamente con carácter formativo y educativo, y no pretende sustituir las opiniones, consejos y recomendaciones de un profesional sanitario.
Las decisiones relativas a la salud deben ser tomadas por un profesional sanitario, considerando las características únicas del paciente.

Trastornos de la alimentación: de la A a la Z

R. I.

Última revisión jueves 25 de abril de 2013

Potomanía, etilorexia, vigorexia, ortorexia, pica... Son términos que definen algunas conductas relacionadas con los
 trastornos de la alimentación pero, ¿realmente son nuevos trastornos de la alimentación? ¿qué son exactamente? Gonzalo Morandé, del Hospital Niño Jesús de Madrid y Teresa Guijarro, del Hospital Reina Sofía de Córdoba, dan algunas respuestas sobre estos «nuevos» trastornos de la alimentación y su impacto real.Trastornos de la alimentación: de la A a la Z
Muchas personas creen que estos trastornos son un juego, pero en muchas ocasiones no tienen retorno
  • Anorexia. Es el trastorno más frecuente en las Unidades de Trastornos Alimentarios. Las personas que sufren anorexia desean estar más delgadas, sienten miedo intenso a aumentar de peso o a engordarse y están excesivamente preocupadas por su silueta. Como consecuencia, presentan conductas anómalas respecto a la dieta, el peso y el volumen y la silueta corporales. Todo ello va asociado a una grave alteración de la percepción de la imagen corporal. Por este motivo, la persona puede verse gorda o desproporcionada, aunque tenga un peso bajo el que sería considerado normal para ella. «Es un problema muy importante que puede tener consecuencias muy graves para el paciente». Además, señala Morandé, es la puerta de entrada para los demás trastornos alimentarios.
  • Bulimia: Se caracteriza por episodios de gran voracidad alimenticia (atracones) acompañados de conductas purgativas (vómitos, laxantes, etc.) y restricciones alimentarias, con el objetivo de compensar los excesos alimentarios. La comida que suelen ingerir en estos momentos de voracidad es altamente calórica y es consumido en grandes cantidades en un periodo de tiempo muy limitado. Quien la sufre se siente incapaz de controlar estos episodios y los vive con ansiedad, seguida de intensos sentimientos de culpa.
  • Dietistas: También conocida como permarexia, no es un trastorno en sí mismo, sino más bien una conducta de riesgo. «Son personas que están permanentemente a dieta, pero hay también dietistas ocasionales, de temporada», señala Morandé. La persona piensa que todo lo que come engorda y eso le lleva a probar diferentes dietas, muchas de ellas poco saludables, las llamadas «dietas milagro». Algunos expertos creen que pede ser el paso previo a la anorexia o a la bulimia. Se trata de un trastorno típicamente femenino presionado por los cánones de belleza actuales dominados por la figura esbelta.
  • Etilorexia o drunkorexia: Cada vez más frecuente los fines de semana. «Esta ha sido una conducta que no es nueva, lo que ocurre es que ahora es mucho más frecuente entre los jóvenes», señala Guijarro. Añade Morandé que a estas personas hay que decirles que no sólo «no van a perder peso, sino que a corto plazo, pueden convertirse en obesos, además del pertinente daño para su organismo».
  • Manorexia: Algunos expertos la definen como una anorexia de los varones que tienen pánico a engordar y se ven gordos. Suelen exagerar el deporte y restringir la dieta. Pueden sufrir este desorden los bailarines, modelos o presentadores de televisión.
  • Ortorexia u obsesión por la comida sana y de calidad hasta límites patológicos. La obsesión por comer sano es posible que se incluya a corto plazo como un trastorno de la alimentación en la clasificación de enfermedades mentales. Morandé advierte que tanto la ortorexia como la vigorexia tienen un mercado muy activo que las fomentan.
  • Pica: Deseo irresistible de comer o lamer sustancias no nutritivas como tiza, yeso, bicarbonato, algodón, pegamento, pinturas, moho, ceniza de cigarrillo, etc. Son manías propias de niños pequeños.
  • Potomanía: Beber mucha agua -más de 4 litros al día- es una conducta que en la mayoría de los casos está asociada a la anorexia, aunque también en bulímicas. El objetivo es llenar el estómago de algo que no es calórico y evitar comer algo que tiene calorías. «Puede ser muy grave y cuesta mucho esfuerzo tratarla», señala Morandé. Este tipo de trastornos, apunta, han existido siempre, lo que pasa es que cada vez las practican más personas, debido al efecto contagio.
  • Pregorexia: Aparece en las mujeres embarazadas que les horroriza engordar y hacen dietas. A veces, inducen el vómito. Es muy peligroso, tanto para la madre como para el hijo.
  • Sadorexia : Procede de la anorexia, bulimia y ortorexia combinado con un maltrato corporal y empleo de métodos de adelgazamiento masoquistas. También se conoce a este trastorno como «dieta del dolor». Se emplea para llegar a una delgadez extrema con consecuencias catastróficas.
  • Síndromes del comedor nocturno, desordenado, compulsivo. Muchas veces la diferencia que existen entre un trastornos por atracón y la bulimia está en que, mientras que en la bulimia la persona ve distorsionado su cuerpo, que lo ve más gordo de lo que en realidad está, y este esquema corporal gira toda su vida, en el caso de los atracones, no existe este proceso, sino que se come más de lo permitido. A veces los comedores nocturnos son en realidad pacientes con bulimia o comedores compulsivos, pero muchas veces es una situación aislada, y son más trastornos en los hábitos de vida, que no le condiciona su salud mental. Se da un personas con baja autoestima y depresión y se puede considerar también un trastorno del sueño, además de ir unido al síndrome de piernas inquietas, apnea y sonambulismo, además de acarrear un aumento de peso.
  • Trastornos por atracones. Después de la anorexia y la bulimia es el trastorno más grave. Y, afirma Morandé, en muchos casos cursan con obesidad.
  • Vigorexia u obsesión por el ejercicio para incrementar la musculatura con ayuda de dietas restrictivas y con suplementos proteicos y anabolizantes. La obsesión por tener un cuerpo musculoso sí parece cumplir criterios para ser incluida en la clasificación de enfermedades mentales. De hecho, dice Guijarro, ya se tratan a estos pacientes, «aunque no con la incidencia de la anorexia y la bulimia». Tanto la vigorexia como la ortorexia causan trastornos mentales severos, afectando la calidad del vida de la persona.  Morandé apunta que la vigorexia, a veces, «es una especie de vía de escape: personas con problemas salen gracias al ejercicio».

5 cosas que conviene saber...
  1. ¿Qué es un trastorno de la alimentación? Son enfermedades mentales y, hasta ahora, las únicos reconocidos son la anorexia, la bulimia y los trastornos por atracones. Causan -señala Morandé- complicaciones físicas, médicas, psiquiátricas y familiares que condicionan su gravedad y su evolución. Y tienen una mortalidad importante; «hablamos de personas que se enferma con 13 o 14 años, con una de un 2 o 3% a los 10 años. Y además, en un 10-15% de los casos se produce una cronificación de la enfermedad».
  2. ¿A qué edad son más frecuentes? La anorexia y la bulimia se siguen diagnosticando durante laadolescencia. Los picos de máxima incidencia son, en la anorexia, de los 13 a los 17, años, y la bulimia, de los 15 a los 19. Sí que se ha observado una discreta disminución en la edad de inicio de los trastornos graves, dice Guijarro: ahora hay casos con 12 o 13 años, mientras que antes éstos eran esporádicos. Morandé añade que estos trastornos se pueden extender, tanto para arriba como para abajo en la edad. «Es decir, puede afectar a personas mayores».
  3. Diagnóstico precoz. Un aspecto fundamental es el diagnóstico precoz de estas enfermedades.Cuanto antes se detecta, y se trate, la posibilidades de cronificación son menores. Afortunadamente, los diagnósticos de estos trastornos son cada vez más precoces. Guijarro dice que gran parte de este hecho es gracias a las campañas que se hicieron para prevenir la anorexia y la bulimia durante los picos de esta enfermedad hace unos años. En este sentido, Morandé subraya los avances que se han producido en el diagnóstico cada vez más precoz, no más de 1 año. «La llegada de la primavera se acompaña de los programas de pérdida de peso, y muchas personas caen en un trastorno de este tipo y, hoy día, en los meses de otoño e invierno, la mayoría de los casos ya están detectados. Y esto es una evolución muy importante en estos 30 años, ya que antes el diagnóstico no se hacía antes del año o más».
  4. ¿Un cuestión de género? Siguen siendo trastornos eminentemente femeninos. La proporción es, en la anorexia, de 7-8 mujeres por cada 2 -3 varones (antes era de 10-1).
  5. ¿Efecto contagio? Es cierto que existe el efecto contagio, reconoce Guijarro, «pero creo que es conveniente hablar de estos temas, aunque siempre con responsabilidad. Algunas campañas que han hecho los medios de comunicación han sabido trasladar a la población de riesgo, los adolescentes, la gravedad de la enfermedad. Se trata de que el adolescente tenga conciencia que no es juego, que no tiene retorno en muchas ocasiones. No hay que hablar de la muerte, al adolescentes le importa bastante poco; más bien deberíamos dirigirnos hacia la todo lo que se puede perder en su vida, amigos, etc. Pero banalizar el trastorno sería un error, y tampoco podemos dar demasiadas expectativas positivas sobre la curación de estos trastornos». Morandé señala que a veces han visto en el hospital todo un equipo de baloncesto, fútbol, compañeros de curso, con el mismo trastorno. «Hablar de ello es muy delicado y hay que hacerlo para hacerles pensar».

Los trastornos alimentarios afectan a cualquier edad

S. Gutiérrez

Última revisión jueves 21 de junio de 2012

Se cree que los trastornos alimenticios son exclusivos de las mujeres, especialmente de las adolescentes y jóvenes, pero ahora un nuevo estudio revela que
 la edad no supone una barrera para los trastornos alimentarios. Según el trabajo que se publica en International Journal of Eating Disorders, un 3,5% de las mujeres mayores de 50 años experimentan atracones, casi el 8% reconce haberse purgado, y más del 70% está tratando de perder peso. El estudio revela además que el 62% de las mujeres afirmaron que, de una u otra forma, el peso tiene un impacto negativo sobre su vida.Los trastornos alimentarios afectan a cualquier edad

Los investigadores, dirigidos por Cynthia Bulik, de la Universidad de Carolina del Norte Programa (EE.UU.), analizazon a 1.849 mujeres que participaban en en el Estudio sobre la Imagen Corporal. Según Bulik, hay poca información sobre cómo se sienten las mujeres mayores de 50 años en relación a su cuerpo. «Pensamos que la mayoría está satisfecha con su cuerpo pero, en realidad, nadie se ha molestado en preguntar. Y, además, la mayoría de la investigación se centra en las mujeres más jóvenes».

En este trabajo el promedio de edad de las participantes fue de 59: un 27%, eran obesas, el 29% tenían sobrepeso, un 42% tenían un peso normal y el 2% tenía bajo peso.
Muy frecuentes
Los resultados revelaron que los síntomas de trastornos alimentarios eran comunes. Así, cerca del 8% de las mujeres informó de haberse purgado en los últimos cinco años -la purga es similar a la bulimia y afecta especialmente a las mujeres-, y el 3,5% había sufrido un atracón en el último mes. Estos comportamientos era más prevalentes en las mujeres con 50 años de edad, pero también eran comunes en las mayores de 75 años.

En cuanto a los problemas de peso, los expertos comprobaron que el 36% de las mujeres habíando estado a dieta, por lo menos, la mitad de los últimos cinco años, que el 41% comprobaba su peso todos los días y que el 40% se pesaba un par de veces a la semana o más. Además, un 62% de las mujeres reconociero que su peso o la forma de su cuerpo tenían un impacto negativo en su vida: el 79% dijo que afectaba a su auto-percepción y el 64% pensaba en ello todos los días.
Poco saludables
En cuanto a los métodos para adelgazar, había para todos los gustos, la mayoría muy poco saludables: pastillas para adelgazar (7,5%), ejercicio excesivo (7%), diuréticos (2,5%), laxantes (2%) y vómitos (1%).

Según Buli, la conclusión es que los trastornos alimentarios y las preocupaciones sobre el pero y las formas de nuestro cuerpo no discriminan por razones de edad. Por eso, señala, «hay que estar alerta ante los síntomas del trastorno alimentario y las preocupaciones excesivas sobre el peso y la forma del cuepro ya que pueden influir negativamente en el bienestar de las mujeres, tanto física como psicológicamente a medida que envejecen».